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Muestra Astillero en Ramona

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"Mismo lugar: María Maggiori entre la técnica y la magia" Luz Horne

 

"Mismo lugar" nos hace pensar –desde su nombre y en una mirada a vuelo de pájaro– en espacios, en lugares abiertos, en naturalezas y paisajes. Todo remite a algo exterior y amplio, a zonas sin límites precisos. Parece haber, en el conjunto de la obra, un gesto pictórico que bordea lo clásico y lo sublime. Sin embargo, en una mirada más detenida, el detalle nos interpela, los dibujos nos llaman a acercarnos y nos dan ganas de pegar la nariz al vidrio que nos separa del papel. Buscamos desenredar los hilos, entender las tramas o encontrar una lógica. Los ojos se ponen bizcos y se revelan estructuras fractales y recursivas que descomponen las figuras. Eso que parecía pura exterioridad se descubre como algo íntimo. Los bosques devienen esqueletos y la interperie se repliega sin por eso dejar de ser ajena. Así como los huesos: lo más interno al propio cuerpo pero intocables e invisibles. 

Una operación similar sucede en los objetos-intemperie. Una superposición de papeles pintados que han sido dejados en el exterior para que el afuera se meta adentro del papel y nos impida reconocer los contornos de lo que había sido trazado. Las figuras se vuelven fantasmales y –al ser apiladas unas con otras– se transforman en cosas, en objetos que cobran valor por su preñez temporal. En una nueva torsión, si "Mismo lugar" parecía puro espacio, ahora se vuelve también tiempo. La línea va hacia algún lado pero también vuelve. El tiempo no avanza hacia adelante sino que es un tiempo visto en negativo, como si se andara marcha atrás y en un reverso de la trama se pudiera volver a vivir. Es por eso que no hay nada en la exhibición de Maggiori que ilustre. Todo lo que en un principio parece ser algo, luego se desanda, se desintegra y se deforma. No hay nada que se represente, sino más bien algo que se registra, se repite y que no deja de mostrar que –a pesar del anhelo del título– nunca se vuelve al "mismo lugar": la repetición de lo mismo nunca es su regreso. 

El gesto aparentemente bucólico expone entonces su hechura. La línea se repasa hacia atrás y descubre el ritmo imperfecto del pincel. Lo que parecía ser sublime descubre su lado técnico y lo que aparentaba ser pictórico se manifiesta como fotográfico: el tiempo en negativo se hace imagen y los dibujos adquieren una precisión que combina el registro agudo de lo artesanal, la mágia contemplativa de lo oriental y una artificialidad mecánica que capta la luz y la proyecta como si fuera un calotipo. Se trata de una operación incluso anacrónica –¡y por lo tanto subversiva!– en la medida en que busca seguir el rastro de una huella material, indicial, completamente anti-digital. El trazado busca captar lo minúsculo, esos espacios impenetrables e incapaces de cobijarse en los momentos de vigilia, solo visibiles para el inconsciente óptico que se revela en lo fotográfico. Vista de este modo, la naturaleza que nos muestra esta obra se emparenta más a trazados cartográficos que a paisajes sentimentalizados o a retratos espirituales. Pero no es el mapa de un mundo externo lo que se registra, sino el negativo impreso de eso que viene de afuera pero que, al pasar por adentro, se vuelve ficción. 

 

"Mismo lugar", entonces, se acerca a lo natural y a lo orgánico poniendo blancos que –como la luz– en lugar de señalar un vacío o una falta, indican la presencia de la mano que dibuja. Paradójicamente, es desde estos blancos que devienen imágen que la obra de Maggiori se posiciona y se singulariza. Es desde allí que mapea un exterior íntimo y que hace explotar los bordes del tiempo: apilándolo, acumulándolo, encandilando al espectador y con ello acortando –como suele hacer eso que llamamos arte– la distancia entre la técnica y la magia. 

 

Catálogo Muestra: Mismo Lugar de María Maggiori en Galería Praxis

Catálogo de obras: María Maggiori en Galería Praxis